Laura Tenorio

 

La Periodista y psicóloga sevillana, afincada en Madrid, Laura Tenorio, resultó ganadora del prestigioso Premio literario-taurino Paco Apaolaza, en su X edición. Por una amplia mayoría de votos el trabajo de Laura Tenorio, 'El toro, el bravo guardián de la dehesa',  se hizo acreedor al premio "por su original enfoque, la frescura de redacción y la rabiosa actualidad del tema" entre otras virtudes. Publicado en la revista Taurodelta,  el texto se impuso a veintisiete trabajos procedentes de Madrid, Badajoz, Valencia, Sevilla, Taiwan, Francia, Barcelona, Córdoba, Navarra, Salamanca y Zamora.

 

El toro, el bravo guardián de la dehesa

 

Se llama Lunero y lleva nueve años padreando por pastizales extremeños. Lo indultaron una tarde de canícula veraniega en una plaza del sur; su casta y bravura fueron sobrados argumentos para que el presidente de aquel festejo asomara por la balaustrada del palco el pañuelo naranja:el del indulto.

 

 

Lunero regresaba así a casa, a su hábitat natural: La dehesa. Tardó apenas seis semanas en recuperarse. Cuando lo estuvo, Felipe, el mayoral, le dio la buena nueva: "A partir de ahora, te encargarás de padrear. Vas a cubrir las vacas de la ganadería, que sabes que son muchas, Disfrutarás de los mejores pastos y de animadas compañías. Porque no estarás solo. Muchos animales de otras especies serán tus compañeros de dehesa, también de juegos. Incluso tendrás algún discípulo al que deberás aleccionar, será un eral envalentonado y espabilado que deberá aprender tus lecciones si, como tú, un día quiere volver aquí, a esta tierra que los ecologistas consideran uno de los mejores ecosistemas que existen, y te lo digo ahora que con lo de las Olimpiadas de Londres se ha hablado tanto de desarrollo sostenible".

 

 

- Felipe, dígame, en Londres hay dehesas -preguntó el semental al conocedor.

 

 

- No, qué va, Lunero, ni en Londres ni en ningún otro lugar. Las dehesas son un ecosistema único y exclusivo de la Península. Por eso, los toros suponéis un valor ecológico de gran importancia. La dehesa surge a partir del bosque de encinas primitivas, como consecuencia de la mano del hombre empeñado en robarle parcelas a la floresta y desünarlas a pastizales.

 

 

- ¿Me lo puede explicar?

 

 

- Claro, si quieres en este rato, porque precisamente hoy me ha dicho el jefe que en la encina del alto han puesto un micrófono para grabar Io que hablemos.Por lo visto, van a contar en un reportaje algo sobre el rango y carácter de la dehesa.

 

 

¡Qué cosas! -rezongó el toro al tiempo que movilizaba sus apretados 500 kilos.

 

 

- En la Península hay miles de hectáreas de dehesas dedicadas a la cría de bravo. Como sabes, son terrenos irregulares, algunos de ellos muy pobres. Sin embargo, para los toros, por vuestra rusticidad y capacidad de adaptación, estos pastos y campiñas son ideales ya que sois capaces de aprovechar incluso zonas marginales que otras especies no pueden.

 

 

- ¿Es verdad que el pastoreo mejora estos terrenos? -preguntó ahora el morlaco.

 

 

- Sí, es cierto. Una crianza en "extensivo" (uso sostenible de los recursos naturales) como es la del toro, potencia la biodiversidad de flora y fauna, en contraposición del deterioro ambiental generalizado por las prácticas “intensivas”, que sabes que se hacen en confinamiento y a base de forrajes. Además, algunas especies silvestres en vías de extinción se están preservando gracias al mantenimiento de dehesas como ésta.

 

 

- En las rastrojeras de la vega, siempre me topo con una serie de aves que me cuentan estar de paso; en invierno son milanos, grullas, chorlitos o cernícalos, entre otros, los que me dan conversación; en época de calores suelo alternar con avutardas, alcaravanes, aguiluchos y gangas, que he oído están amenazadas de desaparecer– comentó Lunero.

 

 

- Sí, en lugares como éste encuentran su mejor refugio, al igual que especies como el buitre negro, el águila imperial o el lince ibérico, que para asegurarse la pervivencia buscan hospedarse en dehesas de alcornocales.

 

 

- Felipe, el otro día le escuché decir al jefe que las dehesas pueden ser los sistemas con más diversidad de plantas herbáceas por metro cuadrado del mundo. Quizá por eso haya tantas amapolas por aquí.

 

 

- Yo también lo escuché. Y debe ser cierto, porque el hombre anda siempre estudiando y leyendo cosas sobre el medioambiente - respondió el conocedor.

 

 

Al llegar a la encina del alto, mayoral y burel contemplaron cómo en una bañadera del cercado contiguo se revolcaba el Negro, un jabalí de no muchos años que se las sabía todas. Justo en el tronco de la encina, el Negro tenía señalado sus afiladeros –marcas de avisos de los grandes machos, que intentan colocar lo más alto posible, para dejar constancia de la envergadura que tienen y disuadir así a otros machos competidores-. En abril pasado el verraco había sido padre; su hembra dio a luz cuatro rayones espabilados como él.

 

 

- ¿Es verdad que los jabalíes ven muy mal?

 

 

- Sí, sin embargo tienen muy desarrollados el olfato y el oído, son capaces de escuchar sonidos casi imperceptibles –respondió esta vez el vaquero.

 

 

- Y son un poco puñeteros porque, como comen de todo (son omnívoros) me vuelcan los bidones con el maíz y el trigo. Se ve que no tienen bastante con el grano que engullen en las rastrojeras –dijo con ironía el burel.

 

 

- No seas cascarrabias, Lunero, que vives como un rey. ¡Ya quisiera yo, siete meses cubriendo vacas no es para quejarse, porque los jabatos desparramen los pesebres, hombre!

 

 

- ¡Muuu! – mugió en esta ocasión el toro.

 

 

Se notaba que acaba de empezar la montanera; una hermosa piara de cochinos era conducida por el porquero de la finca en busca de bellotas. Hasta la primavera, los cerdos repondrían a razón de un kilo por día, doblando así su peso en ese período.

 

 

Entre tanto, las cabras y otros animales como corzos, muflones, gamos y venados -estrenando berrea- buscaban zonas menos accesibles cercanas a la cuerda; las perdices, tórtolas y conejos andaban ya avizores sobre la mira de los primeros cazadores de la temporada. Lunero, sin embargo, pacía tranquilo bajo su alcornoque preferido al sopié de la mancha en la que él gastaba la mayor parte de su tiempo y donde convive ahora con los animales de saca:los toros que serán lidiados en la campaña venidera.

 

 

Al otro lado del monte, junto a la vega, crecen juncales, fresnos, mimbres, zarzas, chopos y álamos; también jara, tomillo, romero, lentisco, enebro, quejigo, retama, lavanda, manzanilla y brezo. Y cómo no, la espinosa aulaga, que Felipe, el mayoral, burla con facilidad cuando, llegada la época, recoge setas y espárragos por los cercados y caminos de la finca, entre cuyos ecosistemas se encuentra una vasta dehesa que bien sabe él es el mejor ejemplo de desarrollo sostenible.