Paco Apaolaza

 

Tolosarra de nacimiento (1947) e ingeniero de profesión, sus conocimientos del mundo del toro lo convirtieron en uno de los mayores exponentes de la crítica taurina.

 

Comenzó su labor periodística en Radio Popular de San Sebastián a mediados de los sesenta, para pasar después a colaborar con medios radiofónicos como 'Radio Euskadi' o con publicaciones como 'Diario16','Ya', 'Egin', 'Diario de Navarra' o el Grupo Correo. Allá donde fue demostró su independencia a la hora de ejercer su labor, así como un estilo literario personal cargado de ingenio, que hacía a sus críticas ser muy valoradas entre los aficionados.

 

A lo largo de su carrera, Paco Apaolaza fue reconocido entre otros con el Segundo Premio 'Universidad País Vasco de Periodismo'.  

 

Paco Apaolaza falleció en el año 1998, mientras cubría la Feria de Abril. Defendió los valores de la Tauromaquia hasta su último aliento

 

 

Ecijano, junto a Paco Apaolaza y su hijo. Foto: Silvia Ollo.

La banda sonora de la gloria

Paco Apaolaza

 

Hay días que son cruciales en la vida nuestra, días felices que uno no se imaginaque vayan a dejar un rastro indeleble y que, sin embargo, dejan un poso de felicidad sencilla, clara, nítida, tierna, alegre, sentida, templada, marchosa, espesa, tranquila y alborotada. Un día, enano yo, doblé la esquina del banco aquel en Mercaderes y encaré una calle Chapitela a la sombra de un calor punto bochornoso. Nunca agradeceré lo suficiente el momento. Allá, en lo alto, una brisa agitaba sin violencia los penachos de los alguacilillos, parados como haciendo tiempo. Fue una fotografía cuando, de repente, la banda atacó con sosiego y grandeza partiendo de los bajos el pasodoble "Agüero". La mano de mi padre apretó un poco más la mía.

 

 - Mira, es la mejor forma de ir a los toros.

 

Me volví y entre la poca gente medio ví unas gorras de plato blancas. Era ella. Era, luego, después de años, me enteré, "La Pamplonesa". No era la banda de Pamplona, ni la de otro lado, ni tan siquiera se sabía si era o no municipal. Era una banda con apodo propio, era "La Pamplonesa" y se iba hablando de ella como si fuera una mujerona omnipresente en fiestas y en grandes festejos marchos algunas veces, solemne otras, apasionada la mayoría.

 

Como muchos, con ella se me cortó el cuerpo en dianas, como la mayoría me nuble con la obsesión repetida del Vals, como tantos aprecié cómo se mecía en la procesión del Santo tocando, por ejemplo, la marcha del Cristo de la Presentación. Pero cuando, para mí, era más ella y más mía era, es, antes de los toros.

 

Decían de que cuando preguntaron a un Almanzor viejo si había sido feliz, contestó quedamente: "He sido feliz, siete momentos en mi vida y no seguidos".  Yo soy feliz con "Marcial", con el "Tío Caniyitas", con "Giralda", con "La entrada", con "Feria del Toro" paseando a cuerpo por la misma cuesta de Chapitela como entonces, con los mismos penachos agitándose por la misma brisa. Cuando "Agüero", no, cuando "Agüero" me llevan y llevo, todavía, de la mano y es como estar en la gloria con ella, con "La Pamplonesa" como banda sonora. Los platillos me airean la espalda  y el bombo es un temblor cuando, de repente, se sale a la Plaza del Castillo a un sol sólido, espeso, inmutable. En la vuelta a la plaza la banda sonora de la gloria es menos intensa, un poco más liviana, un poco como de compromiso hasta llegar a la calle Espoz y Mina con la inminencia de la plaza de toros. Ella se apretuja, se funde, se alborota, se vuelve intensa, festiva, clamorosa en un río de gente disfrutona que se saluda, que se abraza. Todos los sentimientos de fraternidad, tolerancia están ahí; Ella los hace aflorar, Ella y su irresistible magnetismo lúdico. Otra vez el sol y en un nada el definitivo zambombazo mientras las claras trompetas de las peñas vienen a revolucionar todo el entorno de la plaza al final de Estafeta. Ella, "La Pamplonesa", es la banda sonora de la gloria, la música del alma.

Desde 1999

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