Va por ti, amigo

 

A su muerte, aquellos compañeros  y amigos con los que tanto había compartido Paco le brindaron sus faenas; artículos con los que honraron la memoria de aquel hombre honesto con bigote. 

 

Leer las crónicas de Apaolaza era un seguro de que el café se enfriaba porque te llevaban a una mano hasta el final con regodeo, sonrisas y toma de alguna nota para aprender, guardar y recordar.

 

José A. Iturri

Sus bigotes, sus risas, sus ojos azules y chispeantes, su presencia en los momentos de la fiesta que él creía más importantes, su magnífica cordialidad, su sombrero de paja lleno de insignias y cerezas, su hermosa literatura de toros y cosas de aquí, habrán hecho de él institución sanferminera.

 

Los metales de La Pamplonesa llorarán cuando Paco no aparezca.

 

Pedromari Azofra
Maite Arnaiz

Cuatro días antes de tu adiós aún cantabas en Sevilla, allí mismo se te cayeron los brazos ante la máquina de escribir, era la crónica de una muerte anunciada; pero te viniste arriba como los toros de casta y aguantaste  el tirón del camino de vuelta.

 

Querías morir en tablas en tu ciudad donostiarra a la que amabas tanto.

Alfonso Navalón

 

 

Cuando llegue la Virgen de Agosto ya no estará allí para contarlo, porque se nos ha muerto envuelto en el perfume de las flores de azahar sevillanas. Ese día, cuando las fanfarrias y los chistularis abran calle para estrenar la plaza nueva, Paco Apaolaza verá el cortejo desde la eternidad del monte Igueldo, sentado bajo la fronda de aquel árbol de Recondo donde nos traían, desde las brasas, aquellos monumentales chuletones de buey. En su punto, dorados por fuera y sonrosados por dentro. ¡Adiós hermano! Y que te recordemos muchos años delante de una jarra de vino.